Joyas ocultas de la Isla Norte de Nueva Zelanda: a través de nuestros ojos
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Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero después de dos meses viajando por la Isla Norte de Nueva Zelanda, teníamos unas 6000 fotos... y aún sentíamos que apenas habíamos arañado la superficie. Cada clic de la cámara guardaba un toque de magia: mañanas brumosas, costas salvajes y pequeñas sorpresas que parecían surgir justo cuando menos las buscábamos.
Así que, en lugar de guardar esos momentos en un álbum de fotos, aquí está nuestro mapa personal de los lugares que nos robaron el corazón. Desde sumergirnos en aguas termales junto al río hasta recorrer cuevas secretas, esta es la Isla Norte que nos enamoró. Tómate una taza de té, ponte cómodo y vamos a explorar juntos.
🌿 Kerosene Creek: un jacuzzi natural
Imagínate esto: un arroyo humeante y cristalino que serpentea a través de un frondoso bosque, con la temperatura ideal para sumergirse como en un baño. Eso es Kerosene Creek, ¿y lo mejor? ¡Es gratis! Pasamos horas aquí, con los pies en el agua, charlando con los lugareños que nos contaron cuánto ha cambiado este lugar con los años. Un pequeño consejo de ellos (y de nosotros): llévate toda tu basura para que este trocito de paraíso siga siendo hermoso para todos.
Cuevas de la Abadía: hacia lo subterráneo
Si te apetece un poco de aventura, las Cuevas de la Abadía te pondrán la piel de gallina. Llegamos allí gracias a un amable anfitrión de Couchsurfing que nos recogió mientras hacíamos autostop. Sin zapatos, con linternas, adentrándonos en agua fresca en serpenteantes túneles de piedra caliza... fue como entrar en otro mundo. ¿Y lo mejor? Lo tuvimos completamente para nosotros.
⛰ Reserva Escénica Montaña Arcoíris – Colores desde el Cielo
Nos topamos con este lugar por casualidad mientras conducíamos. Una corta caminata nos llevó a un mirador con dos vibrantes lagos de cráter, como joyas turquesas en medio de la selva. Si tienes más tiempo (y energía), puedes seguir subiendo a la cima para disfrutar de una panorámica de 360°. Nosotros no lo hicimos, pero, sinceramente, incluso la corta caminata hasta el mirador nos hizo sentir como si descubriéramos un secreto.
🌅 Faro de East Cape: el primero en ver el sol
El faro de East Cape marca el punto más oriental de Nueva Zelanda, y casi nadie va allí. Lo cual, sinceramente, es parte de lo que lo hace tan especial. El camino de salida es largo, accidentado y tranquilo, pero por el camino nos topamos con caballos salvajes y no vimos ni un solo autobús turístico. Cuando finalmente subimos las escaleras hasta la cima, nos sentimos como si estuviéramos en el fin del mundo.
Faro de Castle Point: una postal que cobra vida
Para cuando llegamos al faro de Castle Point, ya habíamos visto muchos faros... ¿pero este? ¡Pura magia! Encaramado en la costa, con una pasarela de madera que conducía a él, parecía sacado de un folleto turístico. Nos levantamos de la cama antes del amanecer para ver la luz extenderse por el horizonte; cada paso soñoliento valió la pena.
Reserva escénica de Rotokare – Santuario del canto de las aves
Rotokare es el tipo de lugar que te invita a relajarte. Es un refugio libre de depredadores donde las aves nativas viven tal como deben: salvajes, curiosas y sin miedo. Paseamos por los senderos, escuchando el canto de los pájaros y avistando especies que nunca antes habíamos visto. Se sentía una paz que solo la naturaleza virgen puede ofrecer.
Piscinas termales de Tokaanu: la despedida perfecta
Cerca del lago Taupo, encontramos la mejor manera de terminar un largo día (o un largo viaje): sumergirnos en las piscinas termales de Tokaanu. Cálidas, ricas en minerales y rodeadas de vegetación, son como un gran suspiro en forma de agua. Nos fuimos sintiéndonos como flotadores, felices y con muchas ganas de quedarnos para siempre.
La Isla Norte está llena de lugares que no siempre aparecen en las postales, pero que permanecerán en tu corazón mucho después de que te hayas ido. Desde la calidez de Kerosene Creek hasta el misterio de las Cuevas de la Abadía, desde lagos con los colores del arcoíris hasta faros azotados por el viento, estos lugares te recuerdan por qué Nueva Zelanda es pura magia.
Así que prepara las maletas, reúne a tus amigos y ¡a la carretera! Aquí, cada curva parece un susurro de la naturaleza: "¡Kia ora!".